sábado, 10 de marzo de 2007

PARAMO DE ENCANTAMIENTO.


Persiguiendo la quimera del Arcoiris me topé de frente con la belleza de las montañas colombianas. El Ande, preñado de secretos de los ancestros muiscas ,con su belleza cambiante segundo a segundo, me hizo sentir planetario, me inundó de maravilla y por un rato fuí trascendente.La belleza natural nos hace humildes. La fotografía, si bien hermosa, no le hace justicia al momento con su viento frio y el sonido del nagual moviendo el follaje.El sonido de la naturaleza es música fractal con su aleatorio devenir entre los huesos rumorosos de la tierra.El aire limpio de estos páramos vivifica y cada paso allí es una caricia al cuerpo.

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