
Si los ojos son las ventanas del alma, también hay ventanas con espíritu. Hay ventanas con tanto carácter que uno se siente espiándolas y no mirando a su través.Su espesor y nobleza se sienten carnales. La impudicia con que observan el exterior se traduce en visiones excluyentes de pequeños mundos en donde a veces surcan pájaros veloces o fugaces rayos de luz.De vez en cuando se atreve un alma, pero su paso es apenas registrado como un accidente dentro de la quietud habitual de esta mirada-mundo.
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