viernes, 6 de abril de 2007

ACAMPANDO EN LA IMAGINACION DE OTRO.



La sensación apabullante de este espacio saturado de texturas disímiles e ingobernable a través del color me hace sentir perdida. Aunque rodeada de gente creo que mi voz será absorvida por la distancia y se sentirá futil ante la dureza de la piedra. Creo recordar un templo al estar aquí y las imágenes geometrizadas de los gatos me renuevan la idea. No hay muebles apropiados en donde apilar el desconcierto. Todo es tan brusco que no puedo menos que confesarme impresionada. Me concentro en sentir mi útero y poco a poco la paz de los fluídos glandulares me da bríos. Ahora , tal vez converse con alguien.

MIRADA CASUAL





La casa, con un bostezo de dos metros, deja entrar la imágen de una senda que no se sabe bien si llega o se marcha. El oscuro interior no deja escapar nada de él y todo lo que adentro descansa se solaza con el mundo exterior. Lo rotundo del rectángulo luminoso no deja lugar para las dudas : un mundo de luz y polvo existe allá en los confines nublados del afuera y un pequeño trozo de él se nos ha colado dentro.
La boca de la casa permanece abierta, tragando imágenes externas, respirando la luz que embaraza las retinas. Solo falta el paso de un ave rauda que certifique nuestra incapacidad de traducir a palabras la sensación gruesa del paisaje.

PEDALEANDO




Un muro cálido sobre el que alguien ha dejado una bicicleta. Tal vez ese alguien nos mira a través de la pequeña ventana, vigilante. Vigilan también los árboles de invierno, acariciados tímidamente por un sol incapaz de conmovernos. El juego de las sombras nos deja ver el secreto de los volúmenes del edificio. Muy lejos , el azul del cielo es una promesa que convoca esperanzas, pero la soledad del cemento nos hunde sin misericordia en especulaciones baratas de las que solo nos rescata la posibilidad muy cercana de que el ,o , la, ciclista, retorne al manubrio,le insufle vida a las dos ruedas y nos deje inundados de nostalgia por la brevedad de su presencia. La imágen se preña de posibilidades si insisto en mirar por la ventana y me olvido de que soy tan solo una cámara que observa, un ojo que capta, un perceptor que divaga y se entretiene tejiendo pensamientos.

lunes, 2 de abril de 2007

LA SEGOVIANA



Sabes que siempre me preocuparon los paisajes. Que si estaban lejos...que tal vez no eran los adecuados...tantas cosas, tantos pretextos para terminar poniendo un muro entre el mundo y mi persona.
Con el invento de las ventanas la pintura por un tiempo fué apenas necesaria. Allá aquellos que se obstinaran en comprar cuadros con naturalezas muertas o vivas. Toleramos los desnudos por su catadura prohibida y clandestina, pero con la masificación del porno style todo aquello se fué a la mierda. De todos modos ahí estaban las ventanas sin cortina, como ojos sacrílegos sobre el mundo exterior. Impúdicas violadoras del paisaje y cándidas aperturas a la agresión del mismo. Duales y generosas. Los que tuvieron más fé en ellas las encerraron en marcos de lujo y hasta las hicieron de abrir y cerrar. Los que las detestaron las cubrieron con cortinas que apenas si dejaban pasar la luz y les colocaron muebles al frente, en una muestra inequivoca de su vocación anti-ventánica. Para no alargar la historia, la presente fotografía recoge una que es muestra fehaciente de la complacencia de sus creyentes. El contraste entre el reboque interior y las blandas texturas del aire y la hierba solo se ve matizado por la dura presencia de la piedra, que nos remonta a épocas pretéritas, cuando la sifílis era incurable , no había internet ni blogs y la gente leía libros e iba al cine.La memoria amarillenta de sus orígenes nos eleva hacia nubes que se parecen en algo a las que aquí no podemos contemplar.

CRECE TODO EL TRIGAL EN UN SOLO GRANO DE TRIGO


Sobre la dulce hierba del altiplano, un niño que apenas se sospecha bajo el sombrero y la ruana, juega a tejer imaginaciones con sus tapas de lata que
posiblemente aún tengan algo del aroma de los jugos que protegieron del acoso del moho y la bacteria.
Reposa su pequeño cuerpecito, pero su mente ágil brinca entre sutiles colinas, persiguiendo mariposas multicolores y aventureras. Compara las latas y, seguramente, se siente rico y poderoso con sus posesiones. Nada puede distraerlo de su repasar continuo de los pequeños trozos de latón pintado, que, a sus infantiles ojos, representan el mundo alcanzable por la magia. Nada como manipular las cosas que se juzgan trascendentes; nada como disfrutar las pequeñas propiedades que nos identifican entre los otros niños.
A un lado , el pequeño campo de fútbol, donde se han librado y se librarán ardorosas batallas y en donde , a veces, el orgullo saldrá herido y otras tantas la victoria le hará estallar de placer y orgullo.
Crece en este niño y en todos los niños del mundo, la esperanza dulce y fresca del amanecer prometedor. La dulce espera envuelta en nieblas misteriosas habrá de terminar el día en que, presa de un ataque de racionalidad incurable, el niño patee las latas con desprecio y mire el pequeño cajón del fútbol de dedos con ojos de adulto aburrido y se diga a sí mismo :
pero que tonto era yo....jugando con laticas.....