lunes, 2 de abril de 2007

CRECE TODO EL TRIGAL EN UN SOLO GRANO DE TRIGO


Sobre la dulce hierba del altiplano, un niño que apenas se sospecha bajo el sombrero y la ruana, juega a tejer imaginaciones con sus tapas de lata que
posiblemente aún tengan algo del aroma de los jugos que protegieron del acoso del moho y la bacteria.
Reposa su pequeño cuerpecito, pero su mente ágil brinca entre sutiles colinas, persiguiendo mariposas multicolores y aventureras. Compara las latas y, seguramente, se siente rico y poderoso con sus posesiones. Nada puede distraerlo de su repasar continuo de los pequeños trozos de latón pintado, que, a sus infantiles ojos, representan el mundo alcanzable por la magia. Nada como manipular las cosas que se juzgan trascendentes; nada como disfrutar las pequeñas propiedades que nos identifican entre los otros niños.
A un lado , el pequeño campo de fútbol, donde se han librado y se librarán ardorosas batallas y en donde , a veces, el orgullo saldrá herido y otras tantas la victoria le hará estallar de placer y orgullo.
Crece en este niño y en todos los niños del mundo, la esperanza dulce y fresca del amanecer prometedor. La dulce espera envuelta en nieblas misteriosas habrá de terminar el día en que, presa de un ataque de racionalidad incurable, el niño patee las latas con desprecio y mire el pequeño cajón del fútbol de dedos con ojos de adulto aburrido y se diga a sí mismo :
pero que tonto era yo....jugando con laticas.....

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