
Muchos años ha, un vil enamorado quiso eternizar su devoción sobre la dura corteza de un árbol digno y colonizado por los líquenes y el musgo. El tosco boceto de un corazón conformó la infame herida sobre la piel del indefenso e inmóvil ser. Seguramente, alguna letras fueron escritas en el interior de la herida, pero, el sabio y viejo árbol se permitió borrarlas, con ayuda del tiempo, que lo cura todo. De esta manera, conservó la belleza del símbolo y eliminó las iniciales de los perpetradores de la bárbara hazaña.
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