
Persiguiendo la quimera del Arcoiris me topé de frente con la belleza de las montañas colombianas. El Ande, preñado de secretos de los ancestros muiscas ,con su belleza cambiante segundo a segundo, me hizo sentir planetario, me inundó de maravilla y por un rato fuí trascendente.La belleza natural nos hace humildes. La fotografía, si bien hermosa, no le hace justicia al momento con su viento frio y el sonido del nagual moviendo el follaje.El sonido de la naturaleza es música fractal con su aleatorio devenir entre los huesos rumorosos de la tierra.El aire limpio de estos páramos vivifica y cada paso allí es una caricia al cuerpo.








