lunes, 2 de abril de 2007

LA SEGOVIANA



Sabes que siempre me preocuparon los paisajes. Que si estaban lejos...que tal vez no eran los adecuados...tantas cosas, tantos pretextos para terminar poniendo un muro entre el mundo y mi persona.
Con el invento de las ventanas la pintura por un tiempo fué apenas necesaria. Allá aquellos que se obstinaran en comprar cuadros con naturalezas muertas o vivas. Toleramos los desnudos por su catadura prohibida y clandestina, pero con la masificación del porno style todo aquello se fué a la mierda. De todos modos ahí estaban las ventanas sin cortina, como ojos sacrílegos sobre el mundo exterior. Impúdicas violadoras del paisaje y cándidas aperturas a la agresión del mismo. Duales y generosas. Los que tuvieron más fé en ellas las encerraron en marcos de lujo y hasta las hicieron de abrir y cerrar. Los que las detestaron las cubrieron con cortinas que apenas si dejaban pasar la luz y les colocaron muebles al frente, en una muestra inequivoca de su vocación anti-ventánica. Para no alargar la historia, la presente fotografía recoge una que es muestra fehaciente de la complacencia de sus creyentes. El contraste entre el reboque interior y las blandas texturas del aire y la hierba solo se ve matizado por la dura presencia de la piedra, que nos remonta a épocas pretéritas, cuando la sifílis era incurable , no había internet ni blogs y la gente leía libros e iba al cine.La memoria amarillenta de sus orígenes nos eleva hacia nubes que se parecen en algo a las que aquí no podemos contemplar.

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