
Sabes que siempre me preocuparon los paisajes. Que si estaban lejos...que tal vez no eran los adecuados...tantas cosas, tantos pretextos para terminar poniendo un muro entre el mundo y mi persona.
Con el invento de las ventanas la pintura por un tiempo fué apenas necesaria. Allá aquellos que se obstinaran en comprar cuadros con naturalezas muertas o vivas. Toleramos los desnudos por su catadura prohibida y clandestina, pero con la masificación del porno style todo aquello se fué a la mierda. De todos modos ahí estaban las ventanas sin cortina, como ojos sacrílegos sobre el mundo exterior. Impúdicas violadoras del paisaje y cándidas aperturas a la agresión del mismo. Duales y generosas. Los que tuvieron más fé en ellas las encerraron en marcos de lujo y hasta las hicieron de abrir y cerrar. Los que las detestaron las cubrieron con cortinas que apenas si dejaban pasar la luz y les colocaron muebles al frente, en una muestra inequivoca de su vocación anti-ventánica. Para no alargar la historia, la presente fotografía recoge una que es muestra fehaciente de la complacencia de sus creyentes. El contraste entre el reboque interior y las blandas texturas del aire y la hierba solo se ve matizado por la dura presencia de la piedra, que nos remonta a épocas pretéritas, cuando la sifílis era incurable , no había internet ni blogs y la gente leía libros e iba al cine.La memoria amarillenta de sus orígenes nos eleva hacia nubes que se parecen en algo a las que aquí no podemos contemplar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario