viernes, 6 de abril de 2007

MIRADA CASUAL





La casa, con un bostezo de dos metros, deja entrar la imágen de una senda que no se sabe bien si llega o se marcha. El oscuro interior no deja escapar nada de él y todo lo que adentro descansa se solaza con el mundo exterior. Lo rotundo del rectángulo luminoso no deja lugar para las dudas : un mundo de luz y polvo existe allá en los confines nublados del afuera y un pequeño trozo de él se nos ha colado dentro.
La boca de la casa permanece abierta, tragando imágenes externas, respirando la luz que embaraza las retinas. Solo falta el paso de un ave rauda que certifique nuestra incapacidad de traducir a palabras la sensación gruesa del paisaje.

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